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Mbappé resiste en la Eurocopa rumbo a España

Düsseldorf (Alemania), 5 jul (EFE).- Marcado por la fractura de nariz sufrida en el primer partido contra Austria, enmascarado y condicionado desde entonces para poder seguir en competición, Kylian Mbappé resiste en la Eurocopa, rumbo a las semifinales contra España, aún por debajo de las expectativas, con un golpe de nuevo en el rostro con el que salvó un cabezazo de Bruno Fernandes y cambiado, con hielo, al descanso de la prórroga.

Kylian Mbappé celebra el pase de Francia a las semifinales de la Eurocpa tras ganar en los penaltis a Portugal. EFE/EPA/CHRISTOPHER NEUNDORF
Kylian Mbappé celebra el pase de Francia a las semifinales de la Eurocpa tras ganar en los penaltis a Portugal. EFE/EPA/CHRISTOPHER NEUNDORF

Düsseldorf (Alemania), 5 jul (EFE).- Marcado por la fractura de nariz sufrida en el primer partido contra Austria, enmascarado y condicionado desde entonces para poder seguir en competición, Kylian Mbappé resiste en la Eurocopa, rumbo a las semifinales contra España, aún por debajo de las expectativas, con un golpe de nuevo en el rostro con el que salvó un cabezazo de Bruno Fernandes y cambiado, con hielo, al descanso de la prórroga.

En su partido conectó dos tiros, demasiado centrados, también inquietó alguna vez al guardameta Diogo Costa, que se estiró para repeler un centro suyo, pero se quedó sin goles, sin la incidencia que necesita Francia de su mejor futbolista, que ha promovido quince de los últimos 21 triunfos del grupo de Didier Deschamps, aún superviviente en el filo de la Eurocopa, ganador en la tanda de los penaltis porque nadie falló. No tiró Mbappé.

Campeón del mundo en 2018, subcampeón del planeta en 2022, la Eurocopa sigue pendiente para el fenómeno francés, capitán en Alemania 2024 por primera vez en una gran competición por los 'bleus', por su liderazgo, por su personalidad, porque es el mejor de todos y por su proyección hacia el futuro del equipo de Francia, con tan solo aún 25 años, pero ya con 48 goles en 93 partidos con su selección, aparte de haber dado otros 28 tantos.

Diez dianas y doce asistencias corresponden a sus 21 duelos amistosos; siete goles y tres pases decisivos a sus 15 choques en la Liga de Naciones; 12 aciertos corresponden a sus 14 encuentros a lo largo de dos Mundiales, en los que añade dos centros de gol más; doce tantos más (más ocho asistencias) a sus 13 partidos de clasificación europea; y seis a sus doce compromisos previos a las citas mundialistas... Pero tan solo uno, uno solo, a sus dos fases finales de la Eurocopa. No marcó en 2021. Tan solo una vez hasta ahora en 2024. Llamativo.

La anterior edición, con su penalti fallado en la tanda definitiva ante Suiza en los octavos de final, terminó mucho antes de lo previsto. No batió la portería contraria. Ni en la victoria por 1-0 ante Alemania. Ni en los empates posteriores contra Hungría (1-1), Portugal (2-2) y Suiza (3-3, 4-5 desde los once metros, porque precisamente fue el único que erró su tiro), por más que dio una asistencia en aquel encuentro, del que se fue cabizbajo, sin consuelo.

Alemania 2024 abre un nuevo horizonte. Otra oportunidad. Tres años después, más experto, más importante, entre los mejores del mundo sin ninguna discusión, a punto de emprender su nueva aventura en el Real Madrid, goleador en 256 ocasiones en 308 compromisos con el París Saint Germain y al frente del equipo más favorito: Francia.

También devorado por la propia falta de efectividad y fútbol de su conjunto, sostenido por su defensa, irreconocible en los últimos metros. Por Mbappé, pero también por Antoine Griezmann, desfigurado fuera cuál fuera su posición. Ni como jugador total en el medio campo ante Austria ni como delantero ante Países Bajos ni como extremo derecho ante Bélgica ni como media punta contra Portugal. Lejos de su versión más incontestable.

Tampoco está siendo el torneo de Marcus Thuram, reubicado como delantero, pero sin tino ni goles en Alemania 2024. Ni de Ousmane Dembele. Pero nadie, quizá, asume tanta responsabilidad ni tanta presión ni los focos tan encima como Mbappé, porque su dimensión futbolística parecía ilimitada, a una altura sobrenatural.

Ni siquiera en el primer partido, que Francia ganó por él, sin discusión, porque provocó el centro atrás que magnífico con el 0-1 el fatal despeje del defensa austriaco Maximilian Wöber, fue el Mbappé de siempre, antes de fracturarse la nariz en los instantes finales por un golpe en el hombro de Kevin Danso cuando intentó un testarazo dentro del área.

No jugó contra Países Bajos, en el banquillo, sin riesgos. Sí lo hizo contra Polonia, cuando anotó su único gol de penalti, aunque dispuso de variadas ocasiones, y también en los octavos de final contra Bélgica, inconstante, con alguna esporádica acción, como ocurrió también en cuartos ante Portugal, con dos remates centrados, con un centro amenazante, con una velocidad brutal, con una potencia incontenible... Pero aún sin gol. Ahora, en las semifinales viene España. Mbappe sólo ha ganado tres de sus diez encuentros en la Eurocopa.

Iñaki Dufour